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Para leer de corrido

Por la ilusión en tus ojitos francos
arraso el desierto y te siembro un prado
de corceles nobles, de porte alzado,
de clop clop de cascos, de tensos flancos.
Tus manos tiernas abren el potrero
a palabras como fusta, testera,
alforja, martingala y pechera.
Con vos, hasta la bosta saboreo.
Somos caballos, pastando entre postas;
mordisqueando sueños de pampas rosas
(ya espantamos, con la cola, las moscas).
Se suma a la tertulia el bisabuelo
sobre el lomo del buen pingo, el overo.
¡Bienvenido, Pablito, a este loquero!
NATALIA DOÑATE

Para Ángel
Te ofrezco mis dedos para que cuentes
melodías curadas por el tiempo,
carabelas viejas que piden viento
de rimas, de vírgenes horizontes.
Nuestro mundo baila al compás del once,
entre cuartetos, tercetos y risas.
Tu biblioteca rechaza las prisas,
sostiene sueños en patas de bronce.
Giro el timón y te veo en la volta
tu viaje en estos mares, ya cumplido.
Por mi asonancia torpe quedo absorta.
En tus rodillas aprendí de versos
sazonados con tierras américas
y hoy te pienso en sílabas métricas.
NATALIA DOÑATE

En algún punto, ganó tu voluntad
de cuádriceps y gemelos dorados
(y anteojeras, pa’evadir los costados).
Indómita, aterrizaste en mi ciudad.
El asfalto gris pareció más plano
bajo las ruedas de tu gran calesa.
Y fue tal el contraste y la sorpresa
que causaron un síncope a un fulano.
A tus espaldas se formó un cortejo
de sabios, bufones y un juez añejo.
Toman notas, suspiran, no comprenden.
Los observo, sin tentarme a intervenir
(hombros tensos, opinión rebatible)
procurar diagnosticarte imposible.
NATALIA DOÑATE