Viajo para ver cómo cae la noche desde una ventana nueva, para probar el lado izquierdo de la cama sin sacrificar la cercanía con la puerta.
Los autos de ojitos blancos marchan al compás de los semáforos, mientras los cíclopes los sobrepasan rugiendo desprecio. Sonrío al escándalo de la ciudad, a la mugre de sus calles y a las ráfagas de olor a pescado. Una niña que no es mi problema berrea en el pasillo. Benditas sean las sinrazones de las horas, los jabones genéricos, el arte de una fotocopia enmarcada. Pagar hasta para hacerme un café.
Enciendo la luz y mi jaula de altura y mar me devuelve mi mejor reflejo: el menos fidedigno. Sé que se esfumará cuando escoja un restaurante favorito, o el día en que regrese al hotel esquivando la espuma de las olas. No hay arena en Playa Grande que se equipare con el peso de mi comodidad.
El golpeteo del teclado, aunque optimista, es sólo el preludio de otra batalla perdida.

¡Saludos desde la hermosa Mar del Plata!
NATALIA DOÑATE


Hay lindas pinturas en tus pisadas. Saludos.
🙂
Un golpeteo del teclado puede ser un preludio de fuegos artificiales….😉😘😘😘😘
Me encantó! Ojalá! ❤️
Lo cotidiano al servicio de la palabra y su inspiración.
😉
Son de temer los cíclopes, por su culpa estuve a punto de dejar de manejar. Celebro «tu vuelta a los escenarios». Amo Mar del Plata, por una razón u otra, siempre estuvo vinculada a mi vida desde mis lejanos cinco años.
Gracias Jorge! Yo de chica veraneabq en Gesell y luego en Mardel. Anoche me enteré que el Palacio del Bife ya no hace puchero… después de perder el omelette surprise de Ambos Mundos, eso es lo más triste que vi acá, jaja. No dejé «el escenario», solo un poco las redes 🙂