El camino es una hilera de pinos
cuyo aroma, traslocado,
revive al liquidámbar vecino,
hoy doblegado a coral.
De piedra Mar del Plata
brillaba mi primera casa.
¡Berberechos, a la arena!
pensé ante las palmas poceadas.
Tras la ventana enrejada
se invirtieron los sillones
(aunque todavía de seda);
sus apoyabrazos ajados
dispuestos a ser montados;
una mesa ratona y robusta
vestía la vajilla cara;
y el coral, en su base barnizada,
la chimenea coronaba.
Ni invitados, ni anfitriones.
Humeaba una vela soplada
frente al espejo mural.
NATALIA DOÑATE


Una descripción que te invita a volar. Voilà!
Gracias!
me has recordado las casas de los veranos, alquiladas, de los abuelos, quién sabe, un puñado de recuerdos borrosos bañados en la luz de la nostalgia.
Ay, qué lindos recuerdos! También tengo algo especial por esas casas alquiladas, los lugares que se ven una vez al año y parecen guardar mejor a quienes fuimos. Saludos.y gracias por.pasar
Me suena ésa casa….tkm amiga
Ahh qué lindo, Her 🥰 gracias x pasar ( x el blog y x la casa)
A mí me trae a la mente un problema psicológico, existencial sin resolver aún: Nunca me mudé, siempre viví en la misma casa. No sé si es bueno, malo o carece de relevancia. Gracias Nati.
Hola Jorge! Es a gusto del consumidor, saludos y gracias por pasar!