Una rodaja de luna
emplatada entre dos pinos
no es semilla ni lombriz,
dirá el pájaro caído,
pero al hambre de sentido
del humano empedernido
no lo sacia un «¡Acá estoy!».
Por eso grita al vacío:
«¡Es mentira! ¡No te creo!»,
y, perplejo, oye el eco.
NATALIA DOÑATE
¿O sea…?
Los humanos tenemos la capacidad de disfrutar de la belleza. A veces, nos la perdemos por buscar un sentido más que, quizás, no exista.


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