no es noche la negrura
tras las patas del somier
yo, conocedora de causa
de todas las oscuridades,
traspaso los cuarenta pisos
como presa indultada
un segundo demasiado tarde
¡qué liviano era el cuerpo!
allá flota, maravilla, mientras caigo
cuarenta nidos de algodón egipcio
sin olor a tu niñez
ni ronquidos de marido
NATALIA DOÑATE


¡Qué profundo relato, invita a múltiples interpretaciones! En mi caso, lo asocio con la liviandad del cuerpo durante mis sueños. Gracias Nati, buen comienzo de semana.-
Gracias, Jorge!! A mi me pasa que, cuando duermo en edificios altos, soy muy consciente de tener gente debajo y me da vértigo. Buena semana corta y gracias por pasar!