Un punto,
perfección y misterio,
el tatuaje perfecto,
granito de tierra;
el jueves, limonero.
Infinitos bocetos
en un agujero negro.
Un elefante orejudo
—pero de lejos—,
patitos con sombreros,
luceros ilimitados
en horizonte obeso
que hoy admiro con vos
desde la terraza
—¡siempre!—,
admirándote a vos,
—sempre di più!—
y aquí te sumo dos puntos:
el primero, con los brazos
más abiertos del mundo
—abbraccio d’orso!—;
el otro es un vaso vacío
para un Spritz compartido.
NATALIA DOÑATE


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