El roble añejo del vecino se desplomó contra el capó de su Volkswagen. La colisión no emitió sonido alguno, pero las balizas parpadearon azoradas hasta extinguirse. Junto a mis pies helados, cuatro huevos de gorrión me ofrendaron sus despojos de calcio y aire, mientras los neonatos del mundo silenciaban su llanto, erigidos en entusiastas embajadores de la era de la desidia. Sus primeras sonrisas todavía aguardan, con la templanza de la sabiduría pura, tras danzarinas cortinas de seda.
El único en rebelarse fue el mosquito tardío. Sus estrofas eléctricas resonaron en mi oído izquierdo antes de caer, con el peso del hielo, entre los obeliscos de césped azul. El invierno es un comienzo desprovisto de aplausos.
Hacia la hora tres del segmento de la tarde, mi monólogo se convirtió en un no-logo. Comprendí que ya no volvería a hablar:
ni hacia afuera,
ni hacia adentro,
ni mucho menos con la yema de los dedos.
Desde entonces, para mi pavor y consuelo, no ha ocurrido absolutamente nada.
NATALIA DOÑATE


«El invierno es un comienzo desprovisto de aplausos»…precioso y ¡qué sensación de desamparo!…
Gracias, Patricia!! Sólo en el texto, por suerte, en la vida estoy bien acompañada ☺️
No te mereces otra cosa 🤗🤗🤗 Un abrazote!!!
❤️❤️❤️
Estremece la fría inmensidad.
La depresión me sonríe 🤣. Gracias por pasar, Joiel
Al mundo le importamos bien poco, ese mosquito que desaparece en un aplauso, eso es lo que somos ante el mundo.. el texto nos ha dejado un poco desamparados, ¿verdad?
El texto es la cruz pero también el paraguas 🤭
Asomo mi helada nariz desde mi invernadero para decirte presente. No espero nada bueno del invierno…y lo sabés jaja. Gracias Natalia por tu prosa.
Hola Jorge!!! Agradecele de mi parte a tu nariz por pasar a visitarme!! 🙂 No te quiero pinchar el globo, pero todavía es otoño jajaja (y yo, feliz con el frío, como también sabrás)